Tengo que
cambiar mil costumbres de mierda y, lógico, no puedo con ninguna.
Necesito
horarios, orden, límites y no puedo corregir ni agregar ninguno. Ya sé que las
batallas más difíciles son las que libramos contra nosotros mismos, pero esto
es una tortura. Soy tan nociva conmigo misma que tengo mucho por trabajar y no
sé ni por dónde arrancar. Es como tener una hoja en blanco en frente y no poder
más que mirarla durante horas, dura, sin ninguna idea a la vista. Ahí es cuando
me aburro de mí. Hasta escribir tiene que ser un ejercicio diario y no puedo
cumplirlo aun amándolo como lo amo. ¿Será este el final de Jorgelina zombie?