miércoles, 23 de agosto de 2017

Más dura que Natacha con el raquetazo fresco.

Tengo que cambiar mil costumbres de mierda y, lógico, no puedo con ninguna.

Necesito horarios, orden, límites y no puedo corregir ni agregar ninguno. Ya sé que las batallas más difíciles son las que libramos contra nosotros mismos, pero esto es una tortura. Soy tan nociva conmigo misma que tengo mucho por trabajar y no sé ni por dónde arrancar. Es como tener una hoja en blanco en frente y no poder más que mirarla durante horas, dura, sin ninguna idea a la vista. Ahí es cuando me aburro de mí. Hasta escribir tiene que ser un ejercicio diario y no puedo cumplirlo aun amándolo como lo amo. ¿Será este el final de Jorgelina zombie?

No hay comentarios:

Publicar un comentario